Análisis Braid | Juegos indie games | PC, Mac, Xbox 360, PS3, Linux


Puntuación: 8.5

Hay una cosa que hace destacar a Braid sobre todos los demás, fue el origen a nivel de público del auge de la vertiente independiente.


Pero por supuesto esto es un anécdota en la naturaleza de una obra que supera los límites del videojuego para adentrarse en los terrenos de lo filosófico o en su defecto, de lo burlesco.
Antes de entrar en detalles sobre la metalinguistica de Braid, hablaremos de sus aspectos más mundanos y banales, los cuales son los que realmente hacen de este juego una obra de arte. Braid se plantea a priori como un plataformas que rinde homenaje a leyendas como Mario o Donkey Kong, pero tras el primer contacto nos damos cuenta que la simpleza jugable de la obra de Miyamoto se convierte en un pequeño chiste cuando la comparamos con la complejidad estructural de la obra de Blow (ojo, no digo que Braid sea mejor juego que por ejemplo un Super Mario world). 


Tras ese primer contacto, vemos que la habilidad que más importa no es la de los reflejos, sino la de la inteligencia y porqué no, la constancia y el tesón. Al poco de empezar notamos como el uso del tiempo es la pieza clave para resolver una serie de puzzles en forma de estancias plataformeras, donde nuestro objetivo será llegar al final de la misma y si es con premio en forma de pieza de puzzle mejor. Conforme avanzamos, el uso del tiempo tendrá diferentes propiedades, la cuales servirán para complicar el asunto de forma progresiva y en algunos momentos desesperante.



Pero aunque la complejidad de los acertijos es la baza principal de Braid, nadie puede dejar de adorar su diseño gráfico, un colorido óleo pintado a mano, que servirá de pretexto para encontrar un fin que justifique el tiempo invertido en superar cada fase. Cada nuevo mundo es un lienzo para disfrutar que se complementa con la preciosista y exótica banda sonora (buscada por el propio Blow en canales de libre uso), apoyada en sonidos de viento y cuerda que intentar acompañar con matices indús y o medievales a una obra sin fisuras.

Por lo tanto este conjunto de diseño de juego perfecto, diseño artístico mucho más creativo de lo habitual y diseño de sonido y música totalmente acertado, conforman y hacen de Braid, la joya que puso a ojos del mundo consolero, la opción del videojuego independiente.

Finalizamos esta pequeña reseña con los mitos y leyendas que convierten a Braid y su creador Jonathan Blow, en un ejercicio filosófico en forma de búsqueda del sentido de la obra, el cual según su creador debe ser encontrado por todo aquel que se le acerque. 
Sobre estas teorías que abundan en la red, citaremos algunas de las más curiosas, como por ejemplo la que confirma que Braid simplemente nos habla sobre la livianidad del tiempo presente y el mensaje sobre aprovechar de forma correcta nuestra existencia, la cual no puede rebobinarse para solucionar los errores del pasado. Algunas otras teorías más maliciosas hablan sobre una posible afición de su creador a sustancias digamos psicotrópicas o alucinógenas, siendo Braid un simple viaje..."de colocón". 

Sea como sea, que nadie se pierda Braid.