Análisis Transistor | Supergiant Games | Indies Triple A | PS4, PC


Análisis: 8.7

Siempre decimos que todo está visto, que el videojuego tiene el don de reciclar como ningún otro arte. Pero de vez en cuando y sobre todo dentro del mundillo independiente, llegan unos valientes y nos sorprenden con un ente único. Esta vez un alma distinta a las demás que nos recibe con una espada en la mano.


PS4 y PC son los afortunados poseedores desde ya de uno de los títulos del año. Una muestra de personalidad única y distintiva que desprende una energía y sensaciones distinta a casi todo lo visto. 
Supergiant Games ha querido complicarnos la existencia, tanto a los jugadores como a los analistas, ya que Transistor es tan extraño de jugar como de analizar. Con un estilo visual dulce y sosegado, los decorados y los escenarios desprenden una sensación perenne de volatilidad, gracias a los tonos pastel y a su acuosa apariencia conseguida por un estilo cercano a la acuarela occidental. La puesta en escena es lo primero que hará destacar Transistor del resto de juegos actuales, pero esa sorpresa quedará en nada cuando tengamos el primer contacto con las mecánicas jugables.



Para empezar el juego decide no tratarnos como a simples inútiles y nos obliga a descubrir y experimentar por nosotros mismos cada detalle de la producción. Así que de forma directa nos sitúa al control de una pelirroja desconocida, con una espada parlante y gigante en su mano. Entonces el juego se apiada por un momento al ver nuestro rostro perdido y decide ofrecer un par de tutoriales integrados de forma orgánica en la historia y jugabilidad. Todo lo demás lo vamos aprendiendo sobre la marcha, lo que resulta tremendamente confuso en los primeros momentos, pero increiblemente satisfactorio una vez empezamos a sumergirnos en el universo que se nos plantea.

Un mundo minimalista y pastel se mezcla con el cyberpunk de corte futurista, lo que provoca la sensación de estar ante una fábula totalmente desconocida. Sin tiempo, sin espacio y sin ubicación, Transistor decide crear sus propias reglas jugables y su propia imaginería visual, a la que añade una estilo sonoro igual de peculiar, formando así esta experiencia audiovisual tan sugerente y novedosa. La fuerza del sonido es tal, que los combates casi parecerán coreografías.


Pero como ya hemos dejado entrever este aporte audiovisual no serviría de nada si con el mando en las manos se jugara de acuerdo con los estándares del género. De ahí que Supergiant haya querido presentarnos un rpg que deambula entre dos mundos, ya que la acción directa se fusiona con los turnos y la detención del tiempo.
Cada botón principal del mando estará asignado a una habilidad que nosotros podremos elegir previamente entre las disponibles, para así poder usarlos en tiempo real. Pero al mimo tiempo dispondremos de una función conocida como habilidad de Red, la cual nos permite parar el tiempo y planificar ataques. Dando de este modo entrada a la estrategia por turnos y formando un lienzo extraño pero ágil de manejar.

Las habilidades también forman parte de esta obra renacentista. Las combinaciones se cuentan por decenas y tendremos que experimentar con ellas para encontrar el estilo de juego que mejor nos convenga.

De este modo y para no destrozar esta experiencia jugable, cerramos el análisis diciendo que este Triple A nos sugiere la fuerza el impacto que los indie deben despertar en este nuevo milenio lúdico.