Ahora en PS4 y One | Análisis Elliot Quest de Luis Zuno | El mejor juego indie game de 2015 | Steam PC y Wii U

Puntuación: 10


Este mes de mayo llega a PS4, One y 3DS, Elliot Quest, un juego que reune todo lo que un indie debe ser.

Lo primero que queremos decir es que Elliot Quest es un indie en palabras mayores, con esto decimos que es un título hecho por una sola persona, un juego independiente en todo su concepto y por eso, aunque hay obras "indies" de mayor calado como por ejemplo Ori, hemos preferido quedarnos con Elliot Quest por lo citado. Su pureza independiente en todos los sentidos.
El otro concepto que hace destacar a Elliot Quest es su origen y su resultado. El juego nace como origen de una base ya establecida, Zelda II y Metroid pero, su resultado es la perfecta ejecución y ritmo a videojuego moderno, lo que nos deja un retro game independiente adaptado y disfrutable al 100% en plena era next gen.


Desde el principio de la aventura y como ya hemos dicho, Elliot Quest nos recuerda a títulos de los años ochenta como Metroid o The Legend of Zelda II, pero lo hace como un juego que evoluciona y moderniza esa estela pero trasladando la experiencia completa de esa época a día de hoy.
Uno de los primeros aciertos es la libertad de avance y de escenario. Realmente hay cierta linealidad, pero el jugador la desconoce ya que se le sitúa en el mapamundi para de forma libre elegir dónde entrar, siendo muchas veces necesarios nuevos poderes para avanzar en ciertas zonas, lo que limita la libertad de forma orgánica y natural. Esto hace de esta pequeña pieza, un juego mucho más abierto, dinámico e inteligente en sensación, que la mayoría de obras del panorama actual.

Por lo tanto, el mapa del juego es la primera clave del título, ya que su dimensión está perfectamente equilibrada para que te haga pensar pero no te haga sufrir con desorientaciones o tiempos muertos que ralenticen el ritmo de juego.  Tiene diferentes zonas a las que acceder, como pueblos, playas, montañas y cuevas, siendo algunas de ellas lugares con secretos, sitios en los que hay gente con la que hablar y a la que comprarle cosas, y la gran mayoría son mazmorras que bien pueden ser un camino intermedio para llegar a otra o bien una que finalice en sí misma. Como buen acierto, tras adquirir ciertas habilidades, muchas veces el camino de vuelta por esos “pasos intermedios” se puede realizar de una manera mucho más rápida y sencilla. Si bien al principio todo es muy básico, el progreso del personaje, con sus mejoras, subidas de nivel y, sobre todo, los detalles de la historia (la cual va haciéndose más compleja conforme avanza el viaje y además nos permite tomar decisiones que nos llevarán a los distintos finales) hacen que al final haya muchos factores a tener en cuenta.


En Elliot Quest hay un mapa grande en vista cenital, el que acabamos de alabar, pero al entrar en las diferentes zonas, pasamos a un plano 2D. De primeras solo hay un salto (que no hace daño) y un arco que se dispara con poca fuerza, pero luego van creciendo las posibilidades con los tesoros encontrados, con poderes elementales u objetos que permiten interactuar con el escenario. Hay muchos enemigos por el camino y hay que conocerlos bien para esquivar sus ataques mientras los eliminamos. De inicio además, nuestro personaje sólo cuenta con tres corazones zeldianos, por lo que hay que tener mucho cuidado, pero poco a poco la vida también se puede aumentar y hay disponibles pociones para poder usar en caso de emergencia.
La sensación general que deja el juego tras horas con él no puede ser mejor pero, hay que saber a lo que se viene. Se debe entender que como en buen Metroid o Castlevania se empieza “siendo débil” y que las habilidades que irán viniendo nos permitirán llegar a las zonas que vemos imposibles - o simplemente, acelerarán nuestra forma de jugar.
Las diferentes mazmorras que se visitan tienen puzles que resolver, enemigos con diferentes mecánicas para ser derrotados y varios caminos, además de tener jefes finales que requieren pensar y estudiar para buscar el momento en el que pueden ser atacados sin que nosotros recibamos daño (ser golpeado es algo muy fácil, y sin buen ojo pereceremos rápido).


A pesar de que el estilo visual es muy simple, los juegos de sombras, la luz y los efectos sonoros de cada lugar hacen que cada sitio visitado sea completamente diferente a nuestra percepción pese a que comparten zonas similares con saltos, escaleras y puertas. Mención especial eso sí, requiere la paleta de colores elegida, la cual convierte una obra de concepción 8bits es un producto de apariencia de 16 bits pero, lo mágico real, es la perfecta elección de colores pastel, los cuales mediante verdes, azules, marrones u ocres, nos hacen estar ante un juego bucólico, mágico y  sobre todo, con ese espíritu de alegría habitual que tan bien supieron mostrar las obras de Nintendo en la era de los 16 bits.
En conjunto, Elliot Quest sorprende y mucho, siendo una pena que no haya recibido quizás la atención necesaria. Es un reto y poco a poco las novedades hacen que el jugador se sienta más cómodo y poderoso, consiguiendo así tenernos enganchados al final para obtener todos los secretos, o incluso invitándonos a una segunda partida para visionar los diferentes finales. Eso sí, como ya se ha comentado, es importante tener en cuenta que puede ser fácil perderse y que hay que tener paciencia.

Pero sobre todo, destacamos que este juego indie del desarrollador mexicano Luis Zuno, es una representación de esa búsqueda interior, de adentrarnos a lo desconocido sin miedo a estar perdidos, ya que cuando por brújula llevamos nuestro corazón, siempre encontraremos un camino hacia la diversión sin límites y hacia la fantasía más clásica sin mirar de forma superficial, cual es el envoltorio de una obra que no necesita más que el ingenio de un padre de familia que lo dejó todo por completar lo que Nintendo no pudo.

Gameplay