Análisis 'The Witness' de Jonathan Blow | El mejor indie de la nueva generación | PC y PS4

Puntuación: 10


La pasada generación nos dejó grandes títulos tanto en PC como en consolas. Obras como 'Braid', 'Journey' o 'Paper, Please' por citar 3, alcanzaron la perfección y el reconocimiento total tanto por público como por crítica para ser definidos así como obra maestra. Esta generación sin embargo aún no había tenido un título de estas cualidades al menos en castellano (Undertale se acerca). Pues bien, ya lo tiene.


Pues sí señores, The Witness es la primera obra maestra indie de la nueva generación. El juego de Jonathan Blow se convierte en obra de culto directo y rara avis que le confiere un aura de singularidad especial.
Cuando uno juega por primera vez a un videojuego suele buscar referentes, puntos de orientación ya jugados que le hagan sentirse familiar ante cada nueva propuesta. En el 90% de los casos esos referencia suele llegar en forma de muchos títulos ya jugados lo que hace que se pierda la frescura suficiente como para sorprender. Pues bien, The Witness sorprende y lo hace porque como referente únicamente nos llegan flashbacks de Myst o Proteus pero en ambos casos, son sólo retazos o teselas que no evitan que The Witness sea una sorpresa en mayúsculas, una isla no sólo física en forma de juego, sino una isla metafórica dentro del concepto de industria actual.



The Witness es un juego de puzles pero no al uso. La isla es un ente vivo que sirve como hospedaje de estos, pero que se convierte en uno de mayor envergadura y complejidad. 
La isla es la clave de todo y es la que hace que estemos ante un juego especial. Ella es el centro de atención absoluto y es el engranaje que hace que el lento ritmo narrativo fluya y nos atrape, es la que hace que su creador haya disfrutado al poder crear el entorno más bello hasta la fecha visto en un videojuego. Es la que hace que la historia tenga sentido y pueda ser contada mediante su exploración y es la que hace que los a veces repetitivos puzles de panel, sean una mera llave para poder disfrutar del gran puzle general que es esta perfecta y preciosa ínsula de The Witness.


De este modo, jugar a The Witness es contemplar una obra de arte, es sentirte tratado como un ser inteligente al que no hace falta educarle con tutoriales infantes. Es sentirte libre y capaz de explorar un mundo que cobra sentido y protagonismo para ser explorado como algo vivo y no como un simple decorado de la función. Es simplemente videojuego en estado puro.

Gameplay